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viernes, 18 de junio de 2010

Felizmente Infelices



¿Es posible olvidar el dolor? Eso me preguntaba mientras presionaba fuertemente el algodón contra la herida de mi cabeza, provocada al golpearme con la esquina de mi ventana (algo que no os recomiendo). Sangré unas gotas y al poco la sensación había desaparecido, solo quedaba un leve escozor, en pocas horas ni eso, la herida cicatrizaría y en unos días desaparecería ¿ Ocurre lo mismo con las heridas del corazón?

La experiencia me dice que no y que se atreva a lanzar la primera piedra aquel que nunca haya sentido el escozor al recordar tiempos mejores, aquel que haya afrontado la decepción de perder un mejor amigo, de no volver a ver a una persona querida o que haya sentido la impotencia de no saber cuales fueron las razones por las cuales todo se acabó. Así es la vida, un día lo tienes todo y al otro lo único que tienes es un hueco en tu cama junto con un montón de sentimientos con los cuales no sabes que hacer.¿ Es posible extraerlos todos? ¿ Es posible olvidar totalmente? ¿ Implica olvidar el poder perdonar?

A lo largo de mi vida he cometido y cometeré cientos de errores, a mi manera los intenté subsanar, algunos a tiempo y otros a destiempo; son de estos últimos de los que por un lado, más aprendí y por otro, más me castigué, pues no hay nada peor que el equivocarse y no ser capaz de rectificar.

A veces se comenten ese tipo de errores que se tatúan a fuego en la piel, siendo imposible el olvidar (y el perdonar), son muchas las ocasiones en las que tocar esa cicatriz, la cual solos nos atrevemos a mirar cuando nos encontramos desnudos frente al espejo, nos hace saber que un día hubo algo de real, un sentimiento que por breve o efímero que fuese, allí estuvo, esa es la prueba.

Unos amigos están ahora en tratamiento de láser, para eliminar cicatrices, para borrar el paso del tiempo por su cuerpo y les funciona, yo pregunto ¿ Cuánto tardarán en poder operar nuestros sentimientos?, se que suena descabellado pero igual lo sería cuando hace 40 años alguien hablaba de cambiar su sexo o aumentarse 4 tallas el pecho. Pensadlo detenidamente, eliminar todo rastro de dolor, de malestar, ser capaces en una sesión de unas pocas horas de extirpar lo que de un modo natural tendemos a esconder, a ocultar, algo en lo que tardamos días, semanas e incluso años, para que luego en un instante nos sea devuelto en una vorágine de emociones que nos colapsa y nos hace doblarnos de dolor, unas horas, un pase de tarjeta y limpio, simplemente maravilloso.

Seríamos operados felices en un “Mundo Feliz”, pues quién necesita el dolor, quién necesita levantarse una mañana y saber que nada es como ayer, el tener que coger todos los días el camino más largo a casa por temor a encontrarte con la persona no deseada, no creo que nadie sea tan masoquista ( con mi respeto a los masoquistas), pero si no existiesen los sentimientos de dolor, todos seríamos operados, felices, pero lo cierto ques que viviríamos la felicidad como una rutina y una vez entrado en este ciclo ¿Cómo seríamos capaz de encontrar la felicidad natural dentro de la felicidad artificial?, ciertamente, seríamos felices las 24 horas, ¿ Pero eso nos haría realmente felices?o ¿ Podríamos ser felices sin ser tristes?.¿ Buscaríamos el dolor como vía de escape de una sociedad en la cual la perfección no hace querer ser imperfectos ? Y en llegados al punto en el que todos fuésemos felices, sería el autentico fin de la verdadera felicidad, sería una ironía, felizmente infelices

¿ Apreciaríamos en verdad la felicidad debido al riesgo diario a perderla? Muchas veces he escuchado de labios ajenos “ Soy tan feliz que me da miedo”, ¿ Miedo a qué?, cada persona daría una respuesta diferente a esta pregunta, lo importante es que para todos ellos lo que tienen miedo es a no ser lo que en la actualidad son, felices.

A todos nuestras vidas nos parecen efímeras, siempre nos quedarán cosas por hacer, experiencias por vivir, pero tal vez sea la intensidad con la que la vivimos lo que subsane este defecto temporal, “Carpe Diem”, decían los latinos, aprovecha el momento, exprímelo al máximo, siéntelo como si fuese el último, tal vez se haye ahí la felicidad, en saber vivir el presente y lo demás ya vendrá.

lunes, 14 de junio de 2010

Un par de tostadas, un par de zumos


Desayunando, he pensando en el mal que la gran parte de los padres ( padres y madres) , han hecho a la sociedad del siglo XXI. Desde que somos pequeños, seamos niños o niñas, altos o bajas, delgadas o gorditos, nos vemos sometidos a escuchar constantemente en nuestra infancia, que existe un príncipe azul que salva a las princesas, se casan y son felices para siempre junto con un par de perdices, el como la gente se disfraza “un” día con grandes trajes blancos para ser feliz hasta que la muerte las separe ( entiéndase muerte en el más amplio abanico de significados: tenemos la muerte fiscal, la muerte eréctil, la muerte temporal, la muerte sexual...) y mi favorita, ya más de la adolescencia y la madurez, la “búsqueda” de las famosas medias naranjas. Todos estos pensamientos llenaban mi cabeza mientras que una esplendorosa mañana de Domingo se despertaba a mis pies y yo desayunaba tostadas y zumo; solo.


Fue en el momento de llevarme el vaso a los labios, el momento justo en el que el líquido ambarino acarició mis labios, mi lengua, cuando se despertó en mí ese dulce sabor, un sabor que me lleno la boca, lo retuve por unos segundos, saboreándolo, sintiendo como su dulzor saturaba mis papilas y una vez exprimida toda sensación, me lo tragué. Y en ese preciso instante pensé, “ ¿Con cuantas naranjas me he encontrado en la vida real? Muchas (pienso que es un término que no cuantifica, pero que da un significado bastante acertado) ¿ Cuántas me han proporcionado este sabor? Pocas.”


Lentamente dejo el vaso en la mesa, me dirijo al frigorífico, lo abro y allí está, lo cogí , una vez ya en la encimera, corté el cítrico y sin meditarlo ni por un solo instante me lo metí en la boca , apreté fuertemente los dientes en un único mordisco. Rápidamente el jugo dorado emprendió una marcha por toda mi boca, aniquilando todos los residuos de dulzor, sustituyéndolos por un sabor ácido, fuerte, amargo, que me obligó a cerrar los ojos, que se me saltasen las lágrimas, a contraer todas las facciones de mi cara en un desagradable gesto ( esto me iba sonando más, creo que se acercaba más a la realidad).


Decidí sacármelo, pero con las prisas me lo tragué, todo, sentí como recorría mi cuello estrangulándolo, como oprimía mi pecho mientras bajaba por él, como mi estómago se anudaba al recibirlo; esto era lo que yo conocía, lo había sentido no hacía mucho...


Antes de que los recuerdos volviesen a mi mente, cogí el vaso que estaba en la mesa y de un trago me lo bebí, el dulzor otra vez, pero no era el mismo, este fue diferente, como un dulzor distante, efímero, que no logró borrar totalmente el regusto amargo, serán iguales las personas, ¿ Cuántas parejas debes de conocer para olvidar a la que te hizo ser feliz? ¿ Va la felicidad en la calidad de la persona, al igual que el dulzor en la calidad de la naranja? ¿O solo el tiempo puede hacer que se disipen los sabores del pasado?


P.D. No se me ocurrirá el tomar zumo de limón para desayunar, fue en ese día cuando comprendí a las madres ( padres y madres), solo nos quieren ver sonreír, solo quieren ver que sus hijos ( hijos e hijas) son felices, de blanco, de azul, de naranja, sinceramente Gracias.