Digital Clock

miércoles, 21 de julio de 2010

Interconectados



En el mundo de hoy, la gente habla en términos de aldea global, mass media, world wide web, redes sociales, en los anuncios y la publicidad de cada nuevo producto nos hablan de conexión 3G, se usan eslóganes como “connecting people”, todo ello haciendo alusión a las mejora y perfección de los “nuevos medios comunicativos”, pero arrojo una lanza de la cual debido al oficio que ejerceré me tendré que defender, ¿Qué me importa lo que ocurra en China si no soy capaz de saber le ocurre a un familiar? ¿ Hemos priorizado la comunicación con extraños de otros países y olvidado la relación con la familia, los amigos, en definitiva, nuestros seres queridos? ¿ Prima una comunicación virtual frente al cara a cara?

Todas estas preguntas me surgen y por mucho que le doy vueltas ninguna respuesta me satisface, lo que si tengo claro es que hemos entrado en un ritmo de vida, tan globalizado, tan sumergido en “el bosque global” que nos esta impidiendo ver los árboles que nos rodean.

Y es cierto que es muy triste el saber que un tsumani asola parte de la Sri Lanka, que un terremoto haga resquebrajarse el suelo y que cientos de miles de haitianos fallezcan, no es triste, simplemente es desolador, pero decidme ¿ No es de mayor delito el ver la tristeza en los ojos del qué tienes a tu lado y no hacer nada? O peor aún, el no ser capaz de verlo...

Cada día soy más consciente de que las habilidades sociales, las formas de comunicarnos entre nosotros, en el día a día, se van perdiendo, van entrando en ese circulo cibernético y van perdiendo calidad, matiz y más aún nosotros vamos perdiendo las habilidades para poder expresarnos, para poder ser capaces de decir lo que pensamos o sentimos sin ningún tipo de vergüenza o temor, ser capaces de expresar lo que nos abruma, preocupa o lo que nos hace feliz y más importante, ser capaces de convivir de forma plena, auténtica y más cercana con quien nos rodea.

Pero contra esta comunicación personal, está el hecho de que compañeros en una misma oficina se comunican entre ellos vía e-mail, el como estudiantes que comparten piso, se sientan uno frente al otro y hablan vía msn mientras ven la televisión, a la cual prestan más atención que a otra cosa pues les están anunciando la nueva elección política del país vecino, pero sin ser capaces de preguntarse que tal su día cara a cara, o sin ser capaces de mirarse a los ojos y decir simplemente “ Te veo serio, ¿te pasa algo?.

Hoy en día el comunicar tus sentimientos con total libertad es algo que se ha reservado en muchos círculos sociales, para blandos, nenazas, lloronas, “sensibles”, y el ser gente de acero para los dignos/dignas ( no quiero molestar a nadie). Yo sinceramente hice el paso de un grupo a otro, y es ahora que tengo una visión en perspectiva, cuando me doy cuenta, que es mucho más fácil el encerrarse en una armadura de acero y marcar un círculo en el cual nadie puede entrar, que ser capaz de aceptar lo que uno piensa, siente y más importante aún, defenderlo.

¿Pero que cabida tienen los sentimientos en un mundo que se rige por un código de 1 y 0? ¿ Es posible expresar la alegría que sientes al ver que el día te sonríe por msn? ¿Puede la palabra “tristeza” igualar el gesto de dolor de una cara o “jajajaja”, el sonido de una risa conocida? ¿ O por el contrario seguimos existiendo, aunque en un pequeño grupo y me atrevo a decir incluso, grupo selecto, los qué decimos, “Esto no es para hablarlo por msn, nos vemos en una hora.”?

Son muchas las dudas, y muchas las posturas a favor o en contra, desde aquí solo quiero lanzar una llamada a todos, soy consciente de la importancia de saber que ocurre en todo el mundo, pero no olvidemos que nuestro mundo a veces, es el que nos rodea, es nuestra vida cotidiana y en ningún momento debemos dejar de preocuparnos por el que tenemos al lado, pues tal vez sea pequeño para el resto del mundo, pero imprescindible en nuestro día a día.

Melodías de un recuerdo


Son lejanos los sonidos de esa guitarra, los recuerdos de mi mente me transmiten el calor esa madera vieja, el viento me azota la cara, me alborota el pelo y me obliga a encerrar las piernas entre mis rodillas. La luna se refleja, el sonido del romper de las olas en las piedras me hace sentir la libertad del mar, su fuerza e incluso su furia, son estas las noches en las que me alejo de todos, toda compañía se me hace pesada, innecesaria, solo necesito estar yo, mi soledad y mis recuerdos, todo lo demás son pesos en el alma.

El camino a seguir me lleva a ninguna parte, dejo que mis pies marquen el rumbo, que se muevan al ritmo de las notas de tu guitarra, esa guitarra que tu tocabas, recuerdo tus manos deslizándose por ella como si del cuerpo de un amante se tratase, intentando arrancarle gemidos de placer y como los que allí estábamos nos estremecíamos, el nos hacía sentir amados al imaginarnos tus manos recorriéndonos, acariciándonos, que tú cálida voz nos susurrara secretos en lo profundo de la noche y que el calor del fuego avivase nuestros deseos más ocultos.

Es ahora, pasado el tiempo, cuando cierro los ojos y siento el calor de tus palabras, las notas me acarician, me hacen estremecer, el sentir esos recuerdos, es el saber que yo fui igual que esa guitarra y que tu en tus manos me hiciste olvidar quien era, de donde venía y hacerme querer ser esclavo de tus abrazos, hacer de ellos una prisión donde los barrotes fuesen mi deseo y la cerradura mi pasión.

Al abrir los ojos las olas seguían en su constante romper contra las piedras, me salpican la cara, me refrescan, y en su sabor salado encuentro la respuesta a mis dudas, no es malo recodar, eso solo significa que lo viví, que lo sentí y en lo más profundo de mi ser siempre estará, el sonido de tú guitarra.

Guitarra Flamenca: Domi de Ángeles – Verde Que Te Quiero Verde (Guitar)

sábado, 17 de julio de 2010

PT


El guión resonaba en mi cabeza, frase a frase, iban saliendo, se superponían, iban cobrando fuerza, gritaban con ansía, necesitaban que yo las formulase, salir disparadas y al igual que un encantamiento mágico, romper la ilusión, que con el movimiento de mis labios, semejante al de unas tijeras que cortan la cuerda que sostiene el telón, y que marcaría el final de la función, sin embargo, no fui capaz.

No fui capaz de ser el personaje que hubiese querido, el que habría cambiado la historia, que habría actuado acorde a sus ideas y más que a ellas, a sus sentimientos, pero no fue eso lo que ocurrió, fui sensato ( en cierto grado cobarde), y me dispuse según el guión marcaba, no me atreví a modificar una sola coma de este y la función dio comienzo.

Cada palabra que de mi boca se escapaba, furtiva, rápida y directa, se clavaba en mi corazón, perforándolo, llegando hasta lo más íntimo de mi ser y como una daga candente, me dañaba, haciéndome sentir el escozor, el dolor, no solo de saber lo bien que estaba actuando, no solo el ver como mi público me creía, sentía lo que yo les decía, sino el saber el que con mi actuación lo único que conseguiría sería el atar a otro a esta “compañía” y solo yo sabía lo que eso significaba.

Pasado el momento de mi actuación, otros personajes me toman el relevo, me convierto en observador, salgo del escenario y entre las bambalinas tomo la cuerda que sostiene el telón sobre mi cabeza, es en este momento cuando mi tristeza se escapa de mí, se hace mujer, siento como se acerca por mi espalda, siento su gélido aliento, como extiende sus brazos para rodearme, su frío tacto hace que me estremezca, que todo mi cuerpo tiemble, y como respuesta instintiva me agarro firmemente a la cuerda del telón, voy sintiendo como con sus manos busca mis ojos, quiere impedirme el poder cerrarlos, me resigno, ella gana. Mientras tanto, en el escenario, los focos siguen encendidos, la música se sigue escuchando, no es necesario mirar para saberlo, la función continua..

Las lágrimas recorren mis mejillas, ella desde mis espaldas me las limpia, intenta calmar mis temblores, intenta que todas las emociones que esa obra estaba desatando en mí no me impidan perder la calma, soltar la cuerda y acabar con todo, ¡no!, su único fin era que no perdiese detalle de la espléndida actuación de mis compañeros.

Mis compañeros, ellos actores de un género nunca estudiado, componentes de compañías nunca formadas, creadores de sentimientos que nunca sintieron, ellos que vivían sin actuar y que actuovivían, que se movían entre las luces, que cumplían las expectativas de su público, que interpretaban los guiones que este mismo le dictaba, en voz bajita, diferente en cada lugar, en cada momento, ellos hijos complacientes de su padre público, ellos eran los actores que entregaban sus vidas, al “Puro Teatro”.

Una vez acabada la actuación, lo normal es que ell telón caiga, y la obra se acabe, los espectadores se levanten, el teatro se cierre y todo quede concluido, pero es ese mi caso, en mi compañía, los actores estamos atados al escenario, cada uno se lleva a casa un pedazo de él, y en cada esquina, en cada café, es un buen momento para colocarlo, subirnos y ser marionetas que danzan, días tras días y noche tras noche, acorde al capricho azaroso de un titiritera loco.

Y en medio de todo el panorama yo me pregunto “¿En qué se parecen un cuervo y un escritorio?”, tal vez en nada o incluso en todo, algunos hablarán de escritorios con forma de cuervos o de cuervos con forma de escritorio, pero sinceramente, qué más da, ¿Acaso existe alguna verdad dentro del "Puro Teatro" ?

La Lupe – Puro Teatro

martes, 13 de julio de 2010

Caminantes Cambiantes


¿ En qué momento se separaron nuestros caminos? ¿ Cual fue el instante en el que nuestras manos se soltaron?

No lo sé, lo cierto es que ahora cada uno camina por un sendero y a cada paso que doy siento que me alejo más y más, veo como tú también lo haces, como poco a poco tu silueta se va perdiendo en la lejanía, como poco a poco el presente solo es un vacío en mi corazón y el pasado una hiel que expande su sabor desde mis labios hasta lo más profundo de mi alma, impulsándome a cerrar fuertemente los ojos, apretar los dientes y cerrar los puños para contener el llanto.

Lo peor es que muchas veces no se si en verdad eres consciente de tus actos y muchas otras no sé si yo dejo de ver la realidad y lo que quiero es creerte para evitar así el dolor.

Cada día veo que solo nos une un alquiler de nueve meses, el cual creo haber pagado con intereses, para ahora, después de casi 20 años preguntarme ¿ Qué ha sido de ese lazo eterno que se crea entre los que han sentido el mismo latir, han crecido y han sobrevivido juntos durante esos nueve meses en los que yo no vi la luz? ¿Es eterno vínculo o pueden nuestras acciones deshilacharlo hasta que quede convertido un simple hilo, frágil y casi invisible? ¿ Por qué sigo en el punto en el que estoy? ¿ Es acaso por dependencia o es por el temor a romper lo poco que nos une y que de una vez todo acabe para siempre? ¿Supondrá el fin de la “felicidad” o el inicio de la FELICIDAD?

Son tantas las dudas, tantas las decisiones por tomar y tantos los caminos que recorrer, que es a día de hoy cuando puedo decir, que me siento preparado para recorrerlos, para ser la persona que quiero ser, sin mi miedo a nada ni a nadie, salvo que esta vez, estaré sin ti.